¿Cómo hemos ido aprendiendo a enseñar?
1.- ¿Cómo es nuestra práctica educativa o, si no hemos trabajado aún como docentes, nuestra práctica educativa ideal? ¿Responde a algún modelo de enseñanza? Haciendo un análisis transversal de nuestra práctica con las características atribuidas a las diferentes perspectivas, ¿a cuál se acerca más y por qué?
En resumen, podríamos decir que, en nuestro día a día, tratamos o trataríamos de llevar a cabo una visión práctica de la enseñanza donde considerar el aula como “un pequeño club social” en el que se aprecie la singularidad de cada alumno/a con sus necesidades, intereses, caracteres, deseos e inquietudes; donde estos mismos se constituyen como el centro y eje de todo proceso de aprendizaje y comparten un entorno social que les permite crecer y desarrollarse de forma lúdica, alegre, creativa en el que nosotros/as (maestros/as) como guías, interactuamos fomentando su participación en sus propios procesos de aprendizaje.
2.- ¿Cómo hemos llegado a pensar como pensamos sobre educación y a actuar como actuamos? ¿De dónde proceden nuestras formas de pensar y de actuar? ¿De nuestra socialización como estudiantes y profesorado? ¿De los Planes de Formación y de cómo fueron desarrollados? ¿De la cultura institucional donde desarrollamos nuestra profesionalidad? ¿Se han visto limitadas nuestras teorías por las condiciones escolares y por las condiciones laborales?
De manera globalizada podemos decir que, nuestra manera de entender la educación y de actuar viene determinada principalmente por nuestra socialización como estudiantes primero y como maestras posteriormente. El haber sido destinatarias de una educación tradicional, transmisiva, poco democrática y significativa nos ha servido bien para reproducir patrones donde “el control” en nuestra aula nos relaja y permite sentirnos cómodos o, como es nuestro caso, evitar un tipo de enseñanza como ésta y potenciar en nuestra práctica educativa un modelo de aprendizaje significativo, real, acorde con la sociedad de nuestro momento y en la que la diversidad es una realidad y el respeto y cooperación hacia la misma un principio básico de actuación y convivencia.
Las experiencias educativas vividas por cada una, más o menos innovadoras, por compañeros/as que las transmiten, por cursos de formación realmente formativos en relación a la realidad del aula (aunque sean los menos ya que sigue primando por excelencia la cultura de la educación tradicional) son las que nos han permitido adoptar una concepción de la educación y de la práctica educativa real, eficaz, adaptada a las realidades diversas de sus destinatarios (los alumnos/as) y acorde con los planteamientos y principios que rigen hoy en día nuestra sociedad (plural y diversa), aunque, en ocasiones encontramos muchas trabas para poner en práctica dicha concepción educativa ya que no existen los recursos necesarios.
3.- Describimos y comentamos, desde nuestra perspectiva actual, las principales etapas o ciclos formativos por los que ha transcurrido nuestras biografías y qué supusieron para nosotros.
Coincidimos con el texto en las diferentes etapas que nos subraya, es decir:
Formación inicial: Consideramos que es un periodo de formación “incompleto, insuficiente y corto”, que condiciona el resto del proceso formativo del profesorado (poca formación para enfrentarnos con la realidad), aunque somos conscientes de que no es posible que se nos proporcionen todos los conocimientos y destrezas necesarios para desenvolvernos como profesionales.
Etapa de iniciación: Ahora sí estás frente a la realidad y eres tú solo el responsable de sacarla adelante. Pero es precisamente en esta etapa en la que te construyes de forma global en todos los aspectos de tu profesión, en la que aprendes a empezar a ser docente y en la que te enfrentas a múltiples conflictos, a cómo resolverlos, a ser colaborativo, a confiar en experiencias y vivencias de compañeros/as con los que compartes ideales, en la que te pueden las ganas de hacerlo bien, de practicar lo que realmente has aprendido en la teoría del mundo de las ideas; a equivocarte en tus actuaciones y a tratar de resolverlas actuando desde tus principios; a aprender de los demás…siendo a la vez, los años que se recuerdan con más afecto y apego.
Etapa de formación continua: Es en la que nos encontramos todos ya que aunque sea por voluntad propia aquí nos hallamos haciendo un segundo ciclo de formación. Creemos que la formación continua del profesor es necesario ya que toda la sociedad está cambiando continuamente con las nuevas tecnologías, con la globalización, por lo que el profesorado no se puede meter en su clase cerrar la puerta y aislarse del mundo.
4.- ¿Cómo reconstruir nuestra práctica educativa? ¿En qué cosas podríamos innovar? ¿Hay algo por lo que merecería la pena luchar? ¿Qué tendríamos que hacer para introducir esos cambios?
Una forma de reconstruir la práctica educativa sería, reflexionar e innovar sobre estrategias de acción que permitan reducir los efectos negativos que producen el malestar en el docente, como por ejemplo llevar a cabo un planteamiento preventivo que rectifique enfoques e incorpore nuevos modelos en el período de formación inicial, buscando una mayor adecuación a los problemas prácticos de la realidad de la enseñanza (metodologías).
La innovación educativa, debería ir siempre unida a la presencia de equipos de trabajo, a profesores que pongan en común, con sus colegas, sus éxitos y sus dificultades, adaptando y mejorando continuamente, en esta comunicación, los métodos, los objetivos y los contenidos que se relacionan con la desvalorización del trabajo del profesor en nuestro contexto social y en las condiciones de trabajo a veces deficitarias, que les obliga a desempeñar una actuación mediocre, de la que se les hace responsable.
5.- ¿Hasta qué punto y de qué manera las escuelas y el profesorado reconocen y capitalizan, o son incapaces de hacerlo, las flexibles identidades de una población estudiantil diversa y plural?
Sobre si los docentes tienen en cuenta las identidades de la diversidad del alumnado consideramos que así se impone desde las disposiciones legales promovidas por la Administración. Resulta prescriptivo el hecho de tener en cuenta las necesidades individuales y atender al alumnado con necesidad específica de apoyo educativo, tanto por razones personales (Decreto 147/2002) como por razones de índole social (Decreto 167/2003). Al mismo tiempo el docente tiene que tener en cuenta el momento psicoevolutivo de su alumnado. Pero no se puede diseñar un currículum, ni siquiera una unidad didáctica, como válida para todo el alumnado. El ser humano posee características heterogéneas y tratar de homogeneizar la enseñanza es un error del que parece que ahora empezamos a darnos cuenta. Aunque no se puede olvidar que “tenemos buenas ideas pero muy pocos recursos”.
6.- ¿En qué sentido la profesión docente está desprofesionalizándose o ampliando su profesionalización y cuáles serían sus efectos?
Hoy en día se demanda dedicación, formación permanente, colaboración, investigación… La filosofía de autocrítica y cambio, que aboga por una enseñanza más moderna, menos conservadora, necesita de una reestructuración de la actual formación del profesorado. Pero esta reestructuración choca actualmente con resistencias y obstáculos: obstáculos epistemológicos (continua división entre la teoría y la práctica); o estructurales (distanciamiento entre universidad y formación del profesorado); resistencias del profesorado (escasa implicación, ausencia de motivación, pasividad…); barreras del sistema escolar y social (máxima burocracia). No obstante, sabemos que estudiar el sistema en su conjunto no es una técnica moderna, pues ya lo dijo Aristóteles: "el todo es más que la suma de sus partes".
7.- ¿Cuáles crees que son las principales resistencias y obstáculos a la formación continua o al desarrollo profesional del profesorado en tu entorno y a qué crees que se deben?
Principalmente destacamos: aumento de las exigencias de los profesores; alejamiento en las responsabilidades educadoras (el profesor tiene que compaginar diferentes roles: amigo, compañero, ayudante en el desarrollo del alumno); falta de tiempo para atender a las múltiples responsabilidades y expectativas sobre el profesor (conducta-disciplina, atención individualizada, evaluación, atención a padres, reuniones de coordinación,…); limitaciones institucionales que interfieren en la práctica de los profesores (problemas de horarios, normas internas, claustros, evaluaciones…); falta del material didáctico y falta de recursos.
Por otro lado, las organizaciones que organizan los cursos de formación permanente del profesorado, a veces no funcionan como debieran, sustituyendo una función dinamizadora y de profesionalización, por una función administrativa y ejecutiva. Ocupándose más de los aspectos burocráticos que de la formación del profesorado.
Consideramos que el problema radica en la desconfianza de las capacidades del profesorado y en la incomprensión de la profesión docente, en general.
Si fuera.....
Hace 8 años
